Si fuera político, anhelaría la aprobación que tiene Charlie Sheen

Previendo claro está, no auto destruirme en exceso de aventuras con actrices porno, alcohol y drogas no propiamente dichas de prescripción. Las parrandas del personaje son amplia y regularmente difundidas, mas éste se presenta puntualmente a cumplir con sus labores, y su empleador dice no importarle lo que éste haga con su tiempo libre.

Nuestra nueva realidad es especialmente incierta en cuanto a distinción de lo público de lo privado, bien sea que elijamos a propósito destruir o inconscientemente fusionar sus límites, a través de los medios sociales, la gentileza de los periodistas, o el esfuerzo lúcido de los que innovamos la imagen de marca. Los mecanismos para despotricar de los celebres infames son los mismos utilizados por nosotros los anónimos para darnos a conocer. Sencillamente  ya no hay forma de percibir tan sólo un lado de la moneda, y pretender que la gente omita enterarse  de todo.

La grandeza como la infamia tienen ambas su contracara. Toda buena historia tiene su contradictor, como tienen halo de esperanza las noticias sombrías. Con el tiempo todos empezamos a parecernos, por lo que el principio para los amigos, los consumidores y los votantes por igual, es conocer el panorama completo y desconfiar íntegramente.

Una marca es la recolección actual de aspectos conocidos relativo a los desconocidos; es una proporción destinada inevitablemente a hacerse con el tiempo cada vez más pequeña —a perder  su valor— salvo en contadas excepciones.

El actor y los políticos tienen diversas pretensiones de fama, mas es sugestivo como la marca del actor parece desafiar la afirmación de proporción, en contraste con la marca de cualquiera de nuestros políticos, inclusive la del ex presidente Álvaro Uribe, que la evidencian con creces.

El motivo puede conjugarse en aspectos como contexto y significado. Tanto el actor como los políticos pretenden vendernos algo, solo que su contexto difiere. Es muy probable que Sheen lo único que quiera es venderse a sí mismo, mientras que los políticos siempre intentan vender demás; despertando la suspicacia de las personas y quedándose cortos de su cometido.

Es curioso cómo el significado altera la percepción, entre más conocemos del actor mayor es la consistencia de su marca, pero entre mayor detalle dispongamos de los políticos, tan sólo arruinaremos nuestra percepción de ellos.

Es cierto que alcaldes, senadores, contralores y hasta ex secretarios del IDU hicieron más dinero que Sheen, pero es preferible ser Charlie Sheen, al menos en cuanto a branding sostenible se refiere; mas no es que considere de utilidad para su marca ninguno de estos dos prototipos.

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