Lamentable la desorientación de las Asociaciones Colombianas de Pacientes

Aún cuando estoy convencido de las buenas intenciones de sus directivas, afiliados, familiares, médicos y personal auxiliar que les apoya; la falta de liderazgo y de coordinación es evidente a al interior de estas asociaciones, independiente de la patología de los pacientes que agrupan. ¿Apatía de sus afiliados como de sus familiares, temor a la estigmatización, desinterés de la comunidad, sistema de salud ausente, o sencillamente, negligencia de oportunidad de la industria farmacéutica?

Con convicción digo que todas las anteriores, pero resalto con vehemencia la incongruencia del patrocinio de la industria farmacéutica, específicamente la multinacional que, tradicionalmente ha apoyado este tipo de iniciativas, y que con seguridad, aún lo hace, solo que con menores presupuestos, como consecuencia de la erosión en sus participaciones de mercado por cuenta de los medicamentos genéricos, y de su inhabilidad para cimentar branding coherente.

Tan sólo para ilustrar lo que se vislumbra al interior de estas comunidades, utilizo como referente a la Asociación Colombiana de Bipolares, en la que por cierto y en sus inicios hace por lo menos unos catorce años, participé por intermedio del presupuesto de promoción de la marca VALCOTE® (divalproato sódico) mientras desempeñaba funciones como gerente de línea Sistema Nervioso Central en Abbott Laboratories de Colombia, y que a la postre terminaría contribuyendo junto con un par de colegas, y un puñado de psiquiatras sobrados, con la materialización de las iniciativas de Jorge Cardozo.

Es una lastima que pasado tanto tiempo desde sus inicios, se perciba tal pobreza en los proyectos de apoyo de la agrupación [Asociación Colombiana de Bipolares]; haber desperdiciado la oportunidad de elaborar sobre una comunidad que les permitiera compartir, aprender y participar de los retos cotidianos de su condición; desaprovechar la tecnología de los medios sociales para registrar los eventos relevantes de su proceso terapéutico, inspirar a sus coetáneos para ayudarles a alcanzar su pleno potencial, o simplemente como medio para generar diálogo inteligente que involucrara a la comunidad médica como a las compañías farmacéuticas.

En definitiva, todo un desacierto de la industria por haber desaprovechado la coyuntura para construir vínculos entre sus marcas y los pacientes, so pretexto de sus ventas y la mojigatería del INVIMA.

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