Indicios para detectar estrategias deficientes

Cuando perdemos el foco de nuestros asuntos, independiente de sí son éstos de negocio, profesionales o meramente personales, con excesiva frecuencia nos inclinamos por culpar a los demás de nuestros contratiempos. Es cierto que en todo ámbito, siempre encontraremos razones para culpar la falta de liderazgo de nuestros superiores, la envidia o la deslealtad de nuestros colegas, parejas, amigos y hasta familiares, pero es que la amenaza más seria para nuestra trayectoria profesional, propósito empresarial o bienestar personal, proviene de nuestra mala concepción estratégica.

Es decir, una estrategia robusta es capaz de intuir el doble sentido comunitario como la jerga corporativa. Las buenas estrategias se componen de acciones coherentes apoyadas en sólidos argumentos, son una mezcal efectiva de pensamiento y acción cimentadas por una estructura esencial, a la que puede llamársele pepa. Una adecuada estrategia puede estar conformada por elementos adicionales a la pepa, pero si ésta carece o se encuentra deforme, se tendrán graves problemas. La estrategia perjudicial surge cuando se enfatiza la planeación sobre la implementación, las metas difusas sobre las políticas y las acciones concretas, así como cuando se enfatizan tanto las expresiones como las frases rimbombantes sobre el direccionamiento y las funciones puntuales. Para ilustrar el concepto, consideren Ustedes:

Pelusa— La estrategia pelusa tiene la característica del esponjado, apetitoso en apariencia pero vacío al interior.

Faltas al enfrentar el problema— Estrategias enredosas y complejas carentes de la oportuna identificación como corrección de las respectivas falencias.

Trastocar metas con estrategia— Es el caso del liderazgo de aquellos que definen sus estrategias como “establecer propósitos bien altos”, “alcanzar lo imposible para lograr lo imposible” o “pedalear hasta que lleguemos”. La función de líder va más allá de pedir “un último esfuerzo”, le corresponde crear las condiciones propicias para garantizar la efectividad del envión, como disponer de una estrategia que amerita el esfuerzo del equipo.

Objetivos estratégicos difusos y excesivamente complejos— Los objetivos deben delinear los movimientos específicos, necesarios para la realización de la estrategia. Evite el exceso de metas majestuosas, como los inocuos planes de acción para hacerlas realidad.

Sí los anteriores indicios le son familiares, reconoce Usted la estrategia efectiva de una deficiente, y consecuencia llegado el momento, podrá maniobrar las correspondientes acciones correctivas para evitar que en su trabajo, negocio u hogar, le endilguen gato por liebre.

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