Asistencia médica céntrica al consumidor

Dicen por ahí que tan sólo en cuatro meses las sanguijuelas del Hospital Meissen han despilfarrado el 72% del presupuesto para este año; el secretario de Salud del distrito, Guillermo Alfonso Jaramillo, pidió la intervención del Gobierno Nacional por la situación y el fracaso del modelo actual de salud; la Corte Constitucional critica sistema de salud y dice que Estado hace poco; el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverri, asegura que los desfalcos a la salud dejarán pérdidas hasta el año 2030; la contralora Sandra Morelli habló de un cartel de ‘fármaco-economía’.

Entretanto, letargoso el consumidor en medio de tan desalentador pronostico para nuestro iluminado sistema de salud; aun cuando no todo está perdido, pues anuncia la ministra de Salud, Beatriz Londoño que, en junio estarán unificados los regímenes contributivo y subsidiado. Que los miembros de la Corte Constitucional o la mismísima ministra, me expliquen después cómo carrizos mejorará el servicio con la unificación de los dos regímenes.

¿Por qué no reinventar la asistencia médica? El Estado colombiano está en mora de atender las falencias del sistema de salud. La salud de los colombianos no puede ser un negocio para lucrar a unos pocos. La actividad de los mercaderes de la salud va en detrimento de nuestro derecho fundamental. Es oportuno centrar en el consumidor y no en las EPS o el Estado, los principios fundamentales de cualquier reforma.

Que el Estado innove el sistema de salud con planes de asistencia médica en los cuales el consumidor este en control de su gasto médico como de su proceso decisorio. Puede considerar también incluir incentivos por bienestar que, sean impulsados por sendos programas de prevención, cuidado responsable y esfuerzos entorno a la formación y la transparencia como para que así, el consumidor este capacitado para tomar sus propias decisiones. La Internet como la industria farmacéutica, a través de campañas informativas directas al consumidor (¿qué más da si en el proceso promueven sus marcas?) pueden aportar y ser de gran valor para dichos esfuerzos.

Lo sugerido para nada implica abandonar los esfuerzos que pretenden una atención digna para aquellos que no pueden asumirla. El asunto es, que sí existe una marcada diferencia entre la asistencia médica subsidiada y la contributiva; siendo que ésta última debería estar en manos del consumidor todo lo que fuera posible, como para así restringir los costos, conservar y mejorar la calidad de la asistencia médica en nuestro país.

Ciertamente inaudito es, que Colombia (según cifras de la Procuraduría), destine anualmente casi 40 billones de pesos al sistema (superiores a los que gasta Japón, España o Inglaterra), para que persista su precaria cobertura y servicio. ¡Llegamos Ministra, llegamos!

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