La Patria aún es Boba

Sorprendente es la noción que sobre posicionamiento de marca tuvo la comisión de notables que, hace aproximadamente unos 202 años y en un período caracterizado por la inestabilidad política y las guerras (regionales y civiles), estimó a bien endilgarle a nuestra querida Colombia tan acertada postura (aunque algunos historiadores han recomendado renombrar ‘La Patria Boba’ como ‘Primera República’) y a lo cual replico, ¿acaso qué saben los historiadores acerca de posicionamiento de marca?

Imagen | Cortesía Vanguardia.com

Cual profética premonición, mantienen inequívocamente atolondrada nuestra atribulada nación, entre otros: la aguda crisis en el sector salud; el adefesio de reforma a la Justicia; el bosón de Azcárate; la aparición del movimiento Puro Centro Democrático (acaudillado por Álvaro Uribe Vélez); la tensa relación entre indígenas y Ejército en Toribío (Cauca); la elección de secretario de Senado (que será secreta, según anunció el saliente presidente del Senado, Juan Manuel Corzo) y a propósito de la instalación de un nuevo período Legislativo, mañana 20 de julio.

¿Seré yo el único que, por casualidad percibe a nuestros políticos como excesivamente embelesados con sus ideas? Es como si el Gobierno continuara en convención de ventas en isla Múcura a sabiendas que ya hace rato debería haberla concluido, y la oposición insistiera en su eterno conflicto con la Superintendencia de Industria y Comercio. Así no es de extrañar que no exista convenio alguno. Oportuno sería ya un tribunal de arbitramento.

El Gobierno, encantado permanece con su nublado y permisivo ideario, tan idealista que hasta enceguece. Las cosas marchan ‘todo bien’, las personas y las comunidades (indígenas) son honestas, por eso merecen tolerancia y absolución. Los mandatos se perciben como favorables porque son nobles las intenciones que confirman. El futuro será mucho más promisorio que el pasado, ya que seguimos en la unidad (¿Nacional?). La acción colectiva anda bien (¿desarrollo nacional?). Damos prebendas y las recibimos de quienes nos rodean. El claro entender de las necesidades colombianas, asienta el buen gobierno. Por lo demás, tal cual el estilo.

Comprensible así la perplejidad de la oposición que, manifiesta su incertidumbre a conveniencia por Twitter o televisión. Sencillamente no se lo creen que, el Gobierno pueda estar tan embelesado con su ideario. ¿Será cierto todo lo que dicen? Evidentemente que, no ha de ser en serio lo de la restitución de tierras ni lo de buscar el diálogo procurando cesar el conflicto armado. ¡Cuanto despropósito!

La oposición, enardecida permanece con su adolorida e incendiaria retórica, tan idealista que hasta enceguece. Las cosas marchan ‘todo mal’, las personas y las comunidades (indígenas) son deshonestas, por eso merecen ser corregidas y reprimidas. Los mandatos se perciben como desfavorables porque en nada aportan. El pasado será siempre mejor que el futuro, ya que estamos sólos. La acción colectiva corroe (¿desarrollo nacional?). No damos prebendas y nos las quitan porque no estamos en la ‘rosca’. El claro entender de las necesidades del gran capital y el militarismo, asienta el buen gobierno. Por lo demás, tal cual el estilo.

Comprensible así la ira del Gobierno que, manifiesta su incertidumbre a conveniencia por Twitter o televisión. Sencillamente no se lo creen que, la oposición pueda estar tan embelesada con su ideario. ¿Será cierto tanta caspa retórica? Evidentemente que, no ha de ser en serio lo de seguridad, libertad, cohesión social y pluralismo. ¡Cuanto despropósito!

Así pues, notable es la falta de consenso y colaboración política cuando las partes se embeben en su imaginario colectivo. ¿Quién entonces consolará a los colombianos? La respuesta estaría en la Constitución Política, aun cuando si mal no recuerdo, ésta también ya la resquebrajaron por allá en el 91.

Sí, mañana 20 de julio nuestra nación celebra un año más de necedad, y quizás la mayoría colombiana comprenda que se llegó el momento de revocar el mandato de unos y otros puesto que, para la ‘inmensa mayoría’, la senda de mercado hasta ahora recorrida, no conduce a ningún lugar interesante.

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