Prueba de fuego

El atentado contra el periodista Ricardo Calderón que casi le cuesta la cabeza. Menos afortunado, Ricardo Portillo, el arbitro aficionado de 46 años, quien falleció ayer en Taylorsville, suburbio de Salt Lake City, como consecuencia de un golpe en la cabeza que recibió de la mano de un arquero de 17 años y tras amonestarlo con tarjeta amarilla por falta reprobable.

pdfO porque alguien se coló en la fila de un supermercado, el embajador ecuatoriano en Lima y dos peruanas también perdieron la cabeza el pasado 21 de abril, en extraño altercado que desató crisis diplomática.

La historia señala que en la Europa medieval, las ejecuciones fueron una forma popular de entretenimiento, consagrándose los gobiernos como expertos proveedores. Se acostumbraba por aquel entonces que, una multitud (y ahí si, escoja usted entre, desocupados, des-adaptados o intolerantes) acompañaba al condenado desde la prisión hasta la plaza pública, mientras que vendedores ambulantes vendían refrigerios a adultos y niños por igual, quienes no solo se limitaban a observar sino que ululaban y vitoreaban en los ahorcamientos tal cual en las hogueras.

Ya por allá en 1789, un tal José Ignacio Guillotin, le propuso a la Asamblea Nacional Francesa que democratizaran la pena capital y que de por Dios, excluyeran el espectáculo público tal cual las prácticas inhumanas (dicen que hasta el estrato 10 sufría con las ejecuciones, puesto que las decapitaciones eran exclusivas para la nobleza y en ocasiones, requerían de dos y hasta tres golpes de hacha para lograr el cometido). El ilustre innovador y su comitiva, presentaron una ingeniosa máquina, consistente de una gran cuchilla en ángulo que caía de lo alto por entre un marco guía.

El novedoso artilugio, se probó exitosamente por primera vez, el 25 de abril de 1792 y desde allí en adelante, fue declarado el instrumento oficial de ejecución de los franceses. Aun cuando, la gente protestó porque las ejecuciones no eran tan entretenidas de observar, este no fue impedimento para las cuantiosas ejecuciones acaecidas durante el Reinado del Terror de la Revolución Francesa.

Y por lo que no es para menos, nuestra ancestral costumbre de estar impidiendo (valga cualquier táctica) que, las personas se expresen o desempeñen su oficio, tal cual los históricos métodos de persuasión o como el anecdotario actual del periodismo de investigación o las mañas de quien anda por ahí alardeando,“le voy a dar en la cara, marica” sino comulgan con su credo.

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