¿Y ahora qué, si todo bien?

¿Quién que desempeñe un cargo en el área comercial de cualquier compañía, no ha pasado interminables horas en reuniones de negocio, en las que se racionaliza inagotable cantidad de cuadros y gráficas? ¡Ninguno! Pues, la valiosa información es la “prueba” fehaciente de que su oferta es “mejor” que la de su competidor.

Imagen | Cortesía Pfizer, “The Legend of Pfizer”

Imagen | Cortesía Pfizer, “The Legend of Pfizer”

¡Sí señor, mejor! Y no solamente mejor objetivamente (basados en desempeño de producto y servicio), sino también subjetivamente y en concordancia, con los datos de investigación de mercados como con las evaluaciones de los proveedores. El quid es que, si el financiero estuviera presente en dichas reuniones la mayoría de las veces, éste les diría que los datos expuestos no se correlacionan con el crecimiento ni con la rentabilidad.

Y, no necesariamente como consecuencia de la flojera de los de mercadeo ni de la apatía de los de ventas, sino porque el mercado está colmado de “todo bien”. “Todo bien”, que para muchos no es más que un chiste consciente, fácil de desbaratar, como rápido de duplicar y que a la postre, conduce por la senda de los precisos bajos y los margenes estrechos.

A propósito, de la responsabilidad por la crisis de la salud colombiana que tiene «la industria farmacéutica y de insumos médicos, huérfana de regulación durante mucho tiempo, tampoco se ha quedado atrás y encontró las vías para acrecentar sus dividendos a costa de los dineros de la salud». Así como la premisa del Ministerio de Salud en el nuevo debate sobre patentes médicas: «ningún país puede darse el lujo de encarecer su sistema de salud, y en consecuencia restringir el acceso a este, como resultado de la laxitud en la concesión de patentes».

O como quien dice, “todo bien”, no nos alcanza. Pues, solo lo “mejor” es la senda que por estos días conduce al éxito.

Quiere decir esto, ser el “mejor” para su audiencia objetivo, ya que allí está el único mercado que no está saturado. El “mejor”, es quien estira la brecha al proveer más de lo que su audiencia espera y menos de toda la demás habladuría. Por ejemplo, y tal cual indica Alberto Bravo, presidente de Asinfar: «la medida es pertinente en un entorno de relajamiento de los criterios de patentabilidad que está conduciendo a que se otorguen patentes de mala calidad, que son utilizadas para lograr y ampliar monopolios sobre productos sin impacto real en los resultados en salud, pero que desangran al sistema».

Ser el “mejor”, significa sobresalir. Lo hace irreemplazable.

Y por lo que en efecto, “todo bien”, ya no es suficiente por estos días. O al menos, no mientras el sistema de salud colombiano continúe arrastrando tradicionales fallas, al igual que les corresponde a quienes en el intervienen, deponer sus intereses para encontrar soluciones ineludibles.

La elección es sencilla: se aferran los responsables a sus habituales mañas, o se es el “mejor”.

Si eligen la primera alternativa, van a requerir de“empuje” y “billete”, pero si por el contrario, eligen la segunda, tan solo tendrán que apelar a su “convicción”.

Amanecerá y veremos. ¿O no, ministro Gaviria?

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