Quimérico acceso a medicamentos

Si pudieran todos darse el lujo de recibir desde París su formula médica vía DHL y por lo demás, un 45% en promedio más económica y, así como en la historia del alto ejecutivo el domingo anterior en El Tiempo. Y es que con la industria farmacéutica pareciera siempre ser cuestión de decisiones, muchas de ellas desafortunadas para el consumidor tal cual lo es el excesivo precio de los medicamentos en Colombia.

Imagen | Cortesía DHL, vía Ads of the World

Imagen | Cortesía DHL, vía Ads of the World

Sí, en efecto, tomar decisiones es el pan de cada día en la industria farmacéutica y aun cuando por lo general, no son de aquellas que salvan vidas sino más bien del tipo marketing, categoría latonería y pintura. ¿Patrocinar o no a este especialista? ¿Detener o no al urólogo caleño del Centro Médico Imbanaco que, pretende colarse a la gala de Pfizer en Anaheim? ¿Apoyar o no el programa comercial para Viagra de uno de los Gerentes de Ventas que, requiere $40 millones en muestra médica, pero que nunca reportará una sola venta? ¿Aprobará o no el de asuntos corporativos la campaña DTC para Viagra o terminará ahogándola en regulaciones, sencillamente porque no fue el quien la concibió? ¿Aprobaran o no los de regulaciones el logotipo de Viagra en la ayuda visual destinada a los dependientes de farmacia?

En fin, las decisiones legítimas involucran una nueva jerarquía, o como con el tiempo he llegado a comprobar, ninguna que se le parezca a las aquí mencionadas. Las decisiones legítimas son más difíciles de adoptar, básicamente como consecuencia de las múltiples opciones disponibles así como por los diversos supuestos que las acompañan.

Nada de malo tiene realmente evitar en la mayoría de los casos las decisiones trascendentales, pues cualquiera se atortola tomando a cada instante decisiones de vida o muerte. El quid es entonces, no hacer de las decisiones triviales su modus operandi, ya que éstas son tan solo una forma fácil de esquivar los asuntos trascendentales que impactan la cotidianidad del consumidor.

Razón por la cual no comprendo por qué, la industria farmacéutica no decide de una vez por todas sobre un precio asequible para los medicamentos y en vez, sí elige insistir en los monopolios.

Han de saber los consumidores:

Nuevos pero no innovadores— Grupos independientes, como Prescrire International, han documentado que solo una pequeña parte (menos del 15%) de los nuevos medicamentos de las últimas dos décadas han dado beneficios con respecto a los existentes.

Investigadores sostienen que esta dinámica obedece a la profunda divergencia entre los intereses comerciales de los productores de fármacos y el interés público.

Aunque los criterios para dar registros sanitarios y financiación son en gran medida responsables de este desfase, la contribución del sistema de propiedad intelectual (SPI) es sustancial, como lo ilustran la perennidad (evergreening) y los medicamentos “me too” o “yo también” (aquellos muy similares a otros ya conocidos).

La perennidad— es una práctica común que consiste básicamente en patentar formas ligeramente mejoradas de un mismo medicamento (patentes secundarias que no ofrecen ventajas terapéuticas relevantes), a fin de extender artificialmente monopolios. El sucesor es vendido a precios altos y es fuertemente publicitado para tomar la parte de mercado que poseía su antecesor.

Los “me too”— son nuevos fármacos con el mismo mecanismo de acción de uno pionero que expanden una clase farmacológica de alto interés comercial (por ejemplo, para el colesterol). Se vuelven líderes del mercado que poseía el predecesor (muchas veces ya disponible como genérico) mediante artificios de mercadeo y sin ventajas terapéuticas relevantes.

Por ejemplo, el Lipitor® de Pfizer (una estatina “me too”) arrojó ganancias de 130 billones de dólares en 14 años, monto superior al PIB del año 2010 de 129 países del mundo. Y aún no es claro si aporta beneficios en cuanto a morbimortalidad coronaria con respecto a las otras estatinas.

Es claro hasta aquí que los precios de los medicamentos no coinciden con su carácter innovador. Además, parecen no concordar con los gastos de innovación y desarrollo.

Incertidumbre sobre los costos— Al margen de su carácter innovador, los fármacos monopólicos se caracterizan por sus elevados precios, que la industria farmacéutica justifica por la alta inversión que requieren los procesos de investigación y desarrollo (I+D).

Sin embargo, mientras que la industria farmacéutica reporta que invierta cerca de un tercio de sus ganancias en investigación básica de nuevas moléculas, los economistas Donald Light y Joel Lexchin (The British Medical Journal, 2012) estiman que esta inversión es solo del 1,3% de los beneficios y que la mayor parte se gasta en el mercadeo intensivo de los productos.

Según estos autores, el verdadero costo promedio de desarrollar un fármaco es menor al 10% del reportado por la industria (90 millones de dólares contra 1.300).

Fuente: UN Periódico, no. 166, mayo de 2013, Johann Castañeda, Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Nacional de Colombia (CIMUN)

Y en tanto la buena noticia es que el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, reconoce el problema aun cuando todavía analiza las medidas pertinentes del caso. Es así entonces que de fe como por calidad, los colombianos seguirán aguardando la tan anhelada regulación de precios basada en parámetros internacionales o el “correo de las brujas”, vía piloto o azafata en ruta por Centroamérica o Venezuela. Lo que llegue primero. Vayan pues, haciendo sus reservas de una vez.

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