Desligue su marca de los esquemas de molde

Dice el filósofo del siglo sexto a.C. Lao Tzu en su libro, The Tao of power: Lao Tzu’s Classic Guide to Leadership, Influence, and Excellence: “no dependa de ideologías porque hacerlo, despojará su existencia de significado y le hará inadecuado para liderar”. Se lo creo y motivo por el cual sostengo que la afirmación de Lao, también aplica como anillo al dedo, a todo cuanto tiene que ver con las marcas.

Imagen | Cortesía Vintascope

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Ya lo decía Drucker aun cuando en otro formato. El recordado austriaco, suponía que realmente vale poco lo que la industria suponga de su producción ya que lo verdaderamente relevante es lo que el consumidor piensa de lo que está comprando tal cual lo que le representa valor.

En esencia, lo que decide finalmente la “vuelta” a su favor, es todo lo que el consumidor cree que va a recibir por su tiempo, interés y dinero. El cliente, estima dicho valor en un “ordenador emocional” que entre otros, realiza operaciones sencillas como sumar, restar, correcto, incorrecto; tal cual otras tantas mucho más complejas como lo son, sopesar las posibles consecuencias de una determinada decisión respecto a futuras ganancias, beneficios de afiliación y demás retribuciones.

En cuanto a la noción de valor, el quid es que ésta es subjetiva; multifacética; absolutamente contextual; aspiracional; o como quien dice, nadie sabe a ciencia cierta por dónde saltará la liebre (así digan los de neuromarketing, resonancia magnética en mano, tener las bases llenas: Oorah!).

Y bajo estas circunstancias, me atrevo a sugerir que ganará aquel que provea el mejor valor agregado, acorde con la audiencia objetivo.

A partir de varios de nuestros hallazgos en inteligencia de mercado, sugerimos que para la decisión de compra, el consumidor sopesa más el aspecto emocional que el racional.

De hecho éste, poco o nada optimiza sus opciones como para así sobrevivir con la mejor alternativa costo-efectiva-eficiente posible. El consumidor por el contrario, adquiere para progresar; elige por sentido de pertenencia y como para obtener alguna sensación de control y significado; compra para atraer la atención de los demás; decide como para sentirse bien consigo mismo.

Y sin embargo, es común ver cómo algunas organizaciones apoyadas en la sabiduría convencional, destruye inmisericorde sus ideales al compararlos e imitarlos con los de la competencia.

Aun cuando el valor es definitivamente apasionado, los de marketing dedican interminables horas a confabular y decidir en comités sobre la senda lógica más indicada para su negocio; las características de producto; los beneficios; el empaque; el precio; el posicionamiento de marca, y demás tejemanejes del marketing.

Y por lo general, desconociendo que valor es tan solo un intercambio entusiasta entre personas y así como la adrenalina, éste se libera como resultado de la mutua interacción alentadora tal cual las inigualables experiencias comprobadas.

¡Desligue su marca de los esquemas de molde! Organice y promueva el emprendimiento creativo como para favorecer el flujo constante de ideales sencillos pero poderosos y en favor de las actividades de mercado relevantes.

O mejor dicho, deje tanto comité y “hágale que no viene carro”, pues solo la acción lleva al desempeño.

¿Cierto, jefe?

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