Desafortunado aquel sin familia

«El hombre es altar y es cocina. ¡Vaya por el altar!

¡El sagrado de la familia, de la paternidad, de los lares!…

Pero ello es que tan pronto como empezó a ser difícil encontrar servidumbre doméstica, los lares, la paternidad, el altar familiar comenzaron a volatizarse.

Se ha visto a la postre que el sostén de la familia no era el dios Lar ni el pater familias sino simplemente el criado.

Hasta el punto de que puede formularse el hecho casi con el rigor de una ley funcional como las de la física; en cada país queda hoy de vida familiar tanto cuanto queda de servidumbre».

— José Ortega y Gasset

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