Los ágiles y los cachazudos en la era dactilar

“Los cambios ocurren solamente cuando las personas cambian. El crecimiento, cuando las personas crecen”. Se lo leí alguna vez a Roberto Tomasko, en Cinco actores en escena. Así mismo, de Adrian Slywotzky, comprendí que la regla clásica de la estrategia se quebrantó ya hace rato, pues un aumento de participación de mercado ya no es sinónimo de mayores ganancias. Las empresas de gran rentabilidad cambian sus modelos de negocio de tanto en tanto y, son conscientes de que ese proceso no se detiene. Sí, es cierto, “toda empresa empieza y termina por la gente”.

De otro lado, y tomando de Powershift algunas nociones de Toffler, uno de los mayores desequilibrios de poder comercial que hay en la Tierra separa hoy las marcas acaudaladas de las pobres. Esa desigual distribución de poder, que afecta a la vida de miles de millones de consumidores, pronto se transformará a medida que el nuevo sistema de creación de riqueza se extienda.

Desde final de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se ha dividido entre liberalismo y conservadurismo, blanco y negro, Norte y Sur. Hoy día, a medida que estas antiguas divisiones pierden significado, surge una nueva.

En la era dactilar, el Mundo se dividirá en ágiles y los cachazudos.

El ser ágil o cachazudo no es sólo una cuestión de metáfora. Empresas las hay ágiles o cachazudas al completo. El sistema nervioso central humano, más evolucionado, procesa las señales con mayor agilidad. Lo mismo aplica a las empresas ágiles o cachazudas. Si observamos la trayectoria de la humanidad, el poder ha pasado de las cachazudas a las ágiles y, es indiferente que hablemos de locales o multinacionales.

En las empresas ágiles, la tecnología avanzada acelera la producción. Pero esto es lo menos importante. Su ritmo viene determinado por la velocidad de las transacciones, el tiempo necesario para tomar decisiones (particularmente con respecto a inversiones), la velocidad con la que se generan las nuevas ideas en el departamento de investigación y desarrollo, el ritmo con el que se aplican en el mercado, la velocidad de los flujos de capital de trabajo y, sobre todo, la velocidad con la que los datos, la información y el conocimiento fluyen a través del sistema económico y de mercado. Las empresas generan utilidades y poder, más ágil que las cachazudas.

Sí, es una pena que Everfit, la legendaria marca en el ropero de todo general de la República en uso de buen retiro, se vea una vez más, en la necesidad de solicitar a la Superintendencia de Sociedades que la admitan en capítulo de reorganización.

[Imagen vía Yuko Shimizu]

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