Crisis de propaganda uribista

Pareciera como si la dinámica de la industria de las comunicaciones de crisis, no tuviera límite por estos días, considerando que se ha vuelto “pan de cada día”, cortesía de la tecnología y las redes sociales, entre otros, el desencadenar eventos como el que suscitó con sus declaraciones Juan Carlos Vélez Uribe, gerente del comité uribista por el “No”, “en el sentido de que el Centro Democrático utilizó en la campaña de plebiscito información más dirigida a mover las emociones de los ciudadanos que a explicar sus críticas al acuerdo”.

Se me da entonces, que el expresidente Álvaro Uribe, en una crisis de identidad como de arrebatado alter ego, ordenó trasladar su estrategia de argumentos al plano emocional, retomando así, los principios de la manipulación de las masas a través de la propaganda estilo Joseph Goebbels, en un esfuerzo por mantener alta la moral de los “negativos” como la de sus camaradas en el Centro Democrático. Y, como el colombiano siempre anticipa lo peor de los negocios tal cual de las instituciones, la tarea le quedó “mamey”; por lo demás, favorecida por asesores extranjeros y porque ya nadie confía en la autoridad, como que la lealtad de marca es tan efímera como los titulares de la tarde.

Entonces, si bien dichas circunstancias, sirven de justificación para contratar a los expertos de relaciones públicas en manejo de crisis, cabe aquí un sencillo interrogante: ¿aportará esto algo positivo?

El desvergonzado en mí dice que “No”. Las crisis realmente inesperadas, son verdaderamente muy raras, diga usted, por ejemplo, “como en el caso de un meteorito de “kriptonita” impactando su negocio”; pues, en la mayoría de las ocasiones, los eventos de crisis son consecuencia de decisiones adoptadas por la gente en su organización.

Esto es cierto, independiente del tipo de incidente que dio pie a la crisis. Idiferente, si el asunto es consecuencia de un fracaso operacional (gaseosas Speed), una agresión premeditada (cártel de los pañales), o una herida de marketing auto infligida (Redd’s), a la postre, la causa de base es la misma: las crisis ponen al descubierto las decisiones adoptadas por los negocios y las instituciones.

Las crisis, así como las metidas de pata de los políticos, se dan cuando los beneficiarios echan un vistazo a la realidad.

En ese orden de ideas y, aun cuando extraño podrá parecer, se me antoja que en el sin suceso de la crisis de propaganda uribista, Juan Carlos Vélez Uribe, no fue más que un ingenuo “chivo expiatorio”, en otra jugada maestra del patrón del Centro Democrático.

Y, como el desafortunado exgerente del comité uribista por el “No”, tarde que temprano tendrá que dar la cara ante la opinión pública (como para que “le den en la jeta, marica”), aquí le comparto tres aspectos que debería dominar respecto a la administración de crisis por propaganda uribista:

En primer lugar— responda con empatía ante la opinión pública. Independiente, de lo avergonzado que esté, esta es la principal y más importante experiencia emocional para el público. Vélez Uribe, está en la obligación de reconocerla y respetarla, como de ella hacerse participe. Este hecho, tiene una particular relevancia para el aspecto de planeación, ya que debe considerarse desde quién es el más indicado para comunicarse con los beneficiarios, hasta cuál pronombre personal emplear (aquí, el popular “nosotros”, no es una buena elección, puesto que un grupo de personas no puede tener emociones).

La empatía es importante, porque independiente de lo inesperado o injusto que crea usted es la crisis, usted no es la victima (aunque así lo sugiera yo, en el caso de Vélez Uribe en la crisis de propaganda uribista). Lo que a la postre haya ocurrido, es consecuencia de cómo eligió administrar el asunto el patrón del Centro Democrático.

En segundo lugar— narre la respuesta. La credibilidad es resultado del entendimiento con el que se impregne el proceso, al igual que es una consecuencia de sus logros. Cómo encuentre usted la solución, es tan importante como la misma solución. Y, el beneficiario contemporáneo, espera ser testigo y hasta participe de dichos esfuerzos, así sea, solo a través de las redes sociales.

En tercer lugar— arregle el problema y, esto no significa solo contratar al séquito de expertos relacionistas públicos extranjeros, sino también hacer partícipe al patrón del Centro Democrático, como para que revalúe las decisiones que llevaron a la crisis de propagan uribista en primer lugar.

Ya en últimas, el vacío perceptual, es el verdadero problema que el Centro Democrático debería centrarse en resolver y, en vez de andar por ahí, apaciguando los ánimos de los miembros de su colectividad, por lo que hasta ahora se han enterado. Deberían aprovechar también la ocasión, para generar mejor y veraz comunicación, tanto para sus partidarios, como para la comunidad en general. O al menos, si es que pretenden una verdadera aspiración presidencial para el dos mil dieciocho.

[Imagen vía Alan Stonebraker]

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