La revolución de la cáscara amarga

Desde travieso y valentón, hasta de ideas avanzadas y mero pendejo, se me antoja el posicionamiento de marca del hoy presidente electo, Donald Trump. La percepción del asunto, me vino al evocar una de las tantas anécdotas clásicas del tan vapuleado “servicio al cliente”, con la actual arremetida del mandatario estadounidense en contra del estado mexicano y su gente.

Y que no le quepa la menor duda, pues en efecto, ¡la revolución de la cáscara amarga está en marcha! La gente está haciendo el signo de la “C” (de “cabrón”) en la cara de los proveedores de servicio que, como el presidente Trump o las empresas de cártel comercial, no ejercen su función como corresponde y, por allí entonces, va la anécdota más o menos así:

Un cliente, entró a un banco a hacer efectivo un cheque de 350.000 pesos. Al salir al parqueadero, el dependiente de la caseta le dijo que tendría que pagar 5 mil pesos o llevar adentro el tiquete de parqueo para que se lo validaran.

El cliente volvió a estacionar su camioneta, entró en el banco nuevamente, todavía con el maltrecho sombrero de fique puesto, y se volvió a presentar ante la cajera que le había cambiado el cheque. Ella le dijo que no podía validar el tiquete; las validaciones se hacían sólo en caso de “transacciones”, y la política del banco establecía que el cambio de cheque no era una “transacción”.

— Permítame estar seguro de que oí bien — dijo el cliente. ¿Usted no validará mi tiquete de parqueo de cinco mil pesos?

— Usted oyó correctamente — le dijo la cajera.

El cliente dijo: Traiga usted al gerente. — De acuerdo — le contestó la cajera, pero él le dirá lo mismo que yo.

El gerente “emergió”, como emerge Donald Trump en caso de problemas, y le dijo al cliente que, según entendía, la cajera le había dicho ya cuál era la política del banco y que el banco no le validaría su tiquete de parqueo porque no había efectuado una transacción.

Sólo entonces, el cliente, le hizo el signo de la “C” al gerente. “Estoy a punto de hacer una transacción — le dijo —. Deme los tres mil millones de pesos que guardo en su banco. Los voy a consignar en el siguiente local”.

Y eso fue exactamente lo que hizo. Depositó sus tres mil millones de pesos en el banco vecino (clave aquí, la palabra “vecino”), donde su tiquete de parqueo fue validado con gusto.

Este tunjano papero millonario, que en Bogotá no ocultaba su procedencia, se anotó un verdadero triunfo como cliente. Y el banco ahorró cinco mil pesos.

Así mismo, habrá de proceder el gobierno de Peña Nieto y el pueblo mexicano, esgrimiendo al unísono la “C” de cabrón, al acartonado populista bravucón del Norte, con cada huevada de su gestión presidencial.

[Imagen vía Gerald Scarfe]

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