¿Puede uno realmente aprovechar la potestad de obrar por reflexión y elección según dispongamos?

Como “el Aprendiz de la Casa Blanca”, tildó The New York Times al presidente Trump en su editorial del viernes pasado. “Es con cierto tufillo de desesperación con el que el presidente Trump insiste por estos días que él es, el presidente que Washington requiere, el decidido negociante que, como dijera a lo largo de su campaña, ‘por sí sólo lo puede arreglar’. No obstante, lo que hasta ahora han visto los estadounidenses, es una Casa Blanca inepta liderada por un aprendiz de celebridad”.

Hasta los mocosos parecen saber la diferencia entre lo correcto y lo que está equivocado, lo bueno y lo malo, lo que funciona o no. También es obvio que, aunque deberían ser capaces de ejercer su libre albedrío, toman una decisión equivocada tras otra —como lo hicimos todos cuando jóvenes— aun cuando evidentemente saben lo que deben hacer.

Todos toleramos el mismo dilema. Piense en algo que haya hecho en contra de su buen juicio, cuando sabía bien lo que debía hacer. ¿Por qué actuamos así?

¿Por qué discutimos cuando no deberíamos hacerlo, llegamos tarde al trabajo todas las mañanas, comemos o bebemos demasiado o bien cosas que nos hacen mal, fumamos, no hacemos la calistenia, conducimos demasiado rápido, dejamos las cosas para otro día aunque sabemos que hay que hacerlas, gastamos demasiado, nos casamos con la persona equivocada, herimos a sabiendas a alguien cuando podemos evitarlo y soportamos un mal empleo en lugar de cambiarlo? A menudo ignoramos nuestras responsabilidades, no dedicamos suficiente tiempo a nuestros hijos, mentimos, dejamos los estudios y nunca los reanudamos, permitimos que el carro se quede sin gasolina, aplicamos la maña del 2×1 cuando utilizamos el transporte público, dejamos que alguien nos distraiga todos los días en nuestro quehacer (académico, deportivo o profesional), no estudiamos para los exámenes, o hacemos miles de cosas por el estilo a pesar de saber en cada caso lo que deberíamos hacer.

Si tenemos la potestad de obrar por reflexión y elección según dispongamos, ¡¿por qué no la usamos?! Después de años de observación y reflexión parental, la respuesta finalmente se me hizo evidente: el libre albedrío que se nos concede está bloqueado por los programas que recibimos a través de interminables horas de interconexión en las redes sociales.

[Imagen vía Finisterre]

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