Enardecida transferencia la de Neymar

No comparto la apreciación de Jorge Barraza, periodista y otrora relacionista público de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), en cuanto a que Neymar “se fue como los que se mudan de noche, por la puerta de atrás y en puntas de pie”, considerando el inequívoco proceder del futbolista y, como él bien dice, amparado en “la legalidad de la operación y el derecho del futbolista de romper su contrato e irse en tanto paga la cláusula”, no obstante, que la prensa deportiva y la Liga española se rasguen las vestiduras por tan valiosa pérdida. Y, como para que no le quepa la menor duda a Jorge Barraza, a mí se meda que, “es el periodista deportivo quien vive del futbolista; no al revés”. En mis cuentas, sencillamente, no me cuadra Jorge Mendes consultando la crónica deportiva, como para tasar los acuerdos de negocio de sus pupilos.

De acuerdo, el fútbol es pasión y patrimonio cultural de la humanidad, pero ¿quién más que Jorge Barraza, para saber que el fútbol también es un negocio?

Venta de camisetas, derechos de imagen, y oportunidades de ‘merchandising’.

Como ya se lo había sugerido a Jorge Barraza, cuando un club de los buenos como el PSG invierte cifras astronómicas en fichajes como el de Neymar, es porque ya tiene claro el flujo de ingresos, así como el desarrollo del negocio. Al respecto, sabrá más Barraza, pero es evidente que, en el caso de una negociación por un crack como Neymar, los derechos de imagen se licencian a favor del club como parte del acuerdo que asegura al jugador. Lo que significa, entre otros, que el club tiene múltiples oportunidades de ingreso por su usufructo.

Siendo el fútbol el deporte más popular del planeta y, Neymar una de sus más grandes estrellas —y la más costosa, por lo demás—, es absolutamente seguro afirmar que el PSG obtendrá muy buen dinero por ello.

Invertir el París Saint-Germain FC en un crack como Neymar demuestra clara intención de éxito como de poderío de mercado. En el corto plazo, la susodicha transacción es un empujón para el ‘merchandising’ y, en el largo plazo, el perfil del club aumentará; lo que no solo es bueno para la comercialización general del club, sino también como soporte para cautivar al “próximo Neymar” sobre cualquier otra de las grandes escuadras. De seguro, Jorge Barraza, usted también comprenderá que la ‘novela’ de Neymar no será la última de su tipo.

Con tantos canales y plataformas disponibles por estos días para consumir contenido, jamás había sido tan relevante para un club deportivo, disponer de un atractivo comercial con que atraer anunciantes y patrocinadores. Que, si el PSG recuperará su inversión, solo ellos lo sabrán, pero lo que sí es claro, es que la transacción de Neymar ofrece un atractivo único y la posibilidad de competir tanto comercialmente como en reputación, por el agrado de la afición junto al Real Madrid, el Manchester United y sí, que ironía, también el FC Barcelona.

Su traslado a una liga inferior (discutible), hace el acuerdo mucho más intrigante en términos de ganancia potencial. La transferencia de Neymar al Paris Saint-Germain trasciende el plano de la transacción de negocio en sí; con ella se da un aspecto cultural, político y comercial nunca, antes visto. El traspaso de uno de los jugadores más icónicos del momento, a una liga de menor talante, como sugieren algunos, es una especie de golpe de estado.

Neymar es uno de los atletas más comerciales del planeta y se estima que más de la mitad de sus ingresos provienen de solo patrocinios, por lo que aparte de su aporte futbolístico, el PSG se beneficiará tanto de su imagen como de su potencial de aceptación entre los fanáticos.

Con tan solo 25 años, Neymar tiene el potencial para ser la piedra angular del equipo, como la persona indicada con la que el club puede desarrollar la marca PSG. Para nadie es un secreto las intenciones del club de convertirse en potencia futbolística europea, a pesar de que hasta ahora, van algo relegados respecto a otros poderosos equipos de la región. La contratación de Neymar, ciertamente, deberá incrementar el valor que los patrocinadores estén dispuestos a pagar por su vinculación con el club y, si por lo demás, alcanzan la meta deportiva como consecuencia de la pericia futbolera del deportista, pues mucho mejor aún.

Aunque el beneficio principal de la contratación es incrementar el nivel futbolístico del club, se hace cada vez más importante el valor comercial del marbete que firma. Con una huella en redes sociales de algo más de 171 millones (Instagram, Facebook y Twitter), ciertamente, Neymar tiene el potencial de atraer y cautivar la atención de la audiencia a favor del club. Y, si bien es cierto que el valor de la transferencia no lo compensará el ‘merchandising’ ni la venta de camisetas, el envión que aporta al estatus del club, hará del PSG una propuesta mucho más atractiva para futuros fichajes, la hinchada, y las marcas patrocinadoras.

Y por lo demás, “como me gustaría a mí también salir por la puerta de atrás”, pero no porque me retrate en el sentido figurativo que pretende usted, Jorge Barraza, ya que “respeto los puntos de vista opuestos, y los acepto como rasgo de honestidad intelectual”; sino más bien, porque me exacerban las afirmaciones amañadas del periodista.

¿O acaso, Jorge Barraza, en qué momento el fútbol dejó de ser un negocio?

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